Los siete círculos

En estos barrios siempre es invierno. Todo el tiempo es gris y el cielo es bajo y son la siete de la mañana para la eternidad. Hay una manzana de tierra que no califica ni para baldío, que quiso ser plaza y de milagro se salvó de la ocupación o un asentamiento. Bah, milagro nada: nadie se viene para acá. Y por un mandato que debe estar guardado en las células nadie tampoco se va. Todos se resienten en el mismo lugar en el que estaban cuando me fui, pero un poco más viejos. Al frente de la plaza, el Registro Civil. Ahí está: ese es el castigo. Vos te fuiste, te dice el barrio con sus paredes pintadas de blanco humedad, pero tarde o temprano vas a volver. Por la partida de nacimiento del nene, un cambio de domicilio, renovar el DNI. Vas a volver y acá vamos a estar para esperarte. A las 7 de la mañana, y con pocos números. O sea que a las 6 como muy tarde. Tal cual. Una empleada moja la tortilla en el mate cocido, pega un sorbo y grita "¡Cero ocho!". Dios mío, dame fuerzas. Sólo salir de acá y aunque sea morir en otra parte.

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Romualda, Viernes 19 de Marzo 0 comentarios Más Miradas