Eso pasa por oler las magdalenas

Lo estoy oyendo al pavo de Pinti, y lo primero que se me viene a la cabeza es "¡Tato, volvé!". Es tan obvio todo lo que dice, pobre, pero lo dice rápido y con cara de que sabe algo más y entonces le queda bien. La cara me la imagino, porque lo escucho desde el baño mientras me torturo las cejas con la pincita; el televisor quedó clavado en no se qué canal, con lo que el gordo me viene como música de fondo. Le preguntan sobre su día inolvidable, y el tipo va y sin hesitar contesta "El día que se me cayó la panza". Madre mía, pienso, cómo habrá sido tu vida para que esa sea tu efeméride imborrable. Pero ya está. Ya me metió un jingle en el medio de mi canción. Con lo apurada que estoy, y ahora no puedo dejar de revolver en mi historia personal buscando dónde se me perdió la cintura, en qué noche de luna llena mi barriguita se convirtió en lobizón, se asustó y no quiso volver jamás a su naturaleza. Ocho de cada diez mujeres te van a decir "en el embarazo", y esas ocho mienten, yo las conozco a todas. El bestiún de mi hijo tiene un montón de culpas y yo se las recuerdo cada vez que puedo, pero esa no. Y la heladera tampoco, que para eso es un electrodoméstico con poca voluntad de cambio. No. Esto viene de más acá, de más cerca, mastico forcejeando con el cierre de la pollera. Ah, porque no les conté: tengo un casamiento y me estoy forrando de marrón glacé, o como sea que se escriba. Me hice hacer un trajecito de dos piezas que visto ahora no me convence, pero qué se le va a hacer, ya es tarde. El espejo me devuelve la imagen de mi madre. Qué ganas de gritar y tirarle piedras al cielo. Tal vez por ahí ande la clave, tan a la mano como el diamante escondido en la hielera: el día que perdí la cintura me convertí en una señora hecha y derecha. Como no afloje el llanto, el remisero va a creer que soy la madre de la novia.

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Romualda, Lunes 22 de Marzo 0 comentarios Más Bizarria