Un pasaje en un libro

Desde chica viajo en ómnibus, y eso me ha permitido leer. Hay espacios escondidos en los tiempos menos pensados, y el viaje como pasajero es uno, si no el mejor. Ya estoy grande para aprender a manejar, pero me doy cuenta que el que va al volante tiene los cinco sentidos puestos en llegar a salvo a donde va, y los que van sentados atrás no. Y en ese lugar raro que se desplaza desde donde te fuiste hacia donde vas a llegar, se aloja una biblioteca inexplorada. Hasta la propia travesía ayuda, con el movimiento irregular de los destartalados bondis sobre calles a veces en peor estado, el ruido ambiente que cambia a cada rato, los olores, la vibración. Un paisaje en movimiento ayuda a la literatura, y es una pena que no se lo haya sabido ver para promover el goce de la letra escrita. Una promoción tipo "Sea vivo: lea en el colectivo", con cuentos cronometrados según la duración del viaje, y a gusto y placer del comprador. Un Poe cortito para moverse en el microcentro, y si vas hasta un barrio de los márgenes te viene bien El Perseguidor. En un país soñado, donde la gente le pregunte al kioskero o al mozo, "Oiga, jefe, voy pasando el puente, Quiroga, o Kundera ¿qué me deja mejor?"

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Romualda, Viernes 02 de Abril 0 comentarios Más Miradas