No sé si colgar un cuadro o martillarme el dedo
- Romualda, me fumé un porro.
El contador me mira y yo lo miro, con los ojos como una competencia de Simpsons.
- Contador, por favor...
-Estoy viviendo un infierno, Romualda, un infierno - se revuelve en el sillón con respaldo - Usted es sensata como buena madre, y yo necesito un consejo.
Ay, los tipos cuando te dicen una cosa así, y encima como elogio.
- El aire acondicionado de mi pieza no andaba, y aprovechando que mi hijo estaba en la facultad me metí en la suya a dormir la siesta. Como no me dormía, y no me dormía, le manoteé un libro del velador para matar el tiempo, y no bien lo abro, ¡zas! me cae la tuca.
-¿La tuca?
-La tuca, el caño, el chalita, el charuto - enumera sin repetir y sin soplar - No crea, ¿eh? anduve averiguando.
- Ahá. - me resigno a que va para largo y hoy en casa comen a las cuatro.
- Y sí, quiero saber a lo que me enfrento. -recapitula - Y como estaba tan pero tan al cuete, no sé de donde me salió por probar. Así que prendí el equipo de audio, cerré las cortinas y me lo fumé.
Nos quedamos un ratito en silencio.
-Tenía puesto un disco que yo no conocía, pero que jamás me voy a olvidar. Cuando se acabó, me fui a mi pieza y me traje discos míos de música clásica.
Ay, me van a cerrar la carnicería.
-Me molestaba la luz, así que me metí en el placard, y sin darme cuenta me dormí parado. Ahí me encontró mi hijo cuando volvió. ¡Un revuelo! Llamaron a la prepaga... no quiera saber...
Y no, no quiero saber, pero no va a haber caso.
- En fin, cómo decirle... mi vida se fue al tacho.
Se para, y mirando por la ventana para el lado del cerro, señala el escritorio.
-Ahí en el cajón del escritorio tengo la renuncia. Mañana pongo en venta la casa, la agarro a la bruja y me mando a la montaña. Y si la bruja no quiere venir, que no venga. Ya contacté quién me venda dos gallinas y un cerdo. ¿Usted qué opina?
La señora que limpia dice que me llamó a los gritos un par de veces. Lo único que conseguí en la carnicería después de llegar a la carrera, con los pulmones al hombro y un taco en el bolsillo, fueron unos recortes de primo y una discusión con el carnicero porque le trabé con la cartera la persiana y le invadí - según él - propiedad privada después del momento de cierre. Están todos cortados por la misma tijera, caracho. Y encima no sirven para nada.
