Vengo por el aviso
Renunció un compañero de la empresa, y entramos en un proceso de síntesis del lenguaje, de no creer. Resulta que tenemos un salón principal de atención al público, y otro menor atrás para reclamos, o cuando el principal se llena mucho de gente. El tema es que este muchacho se fue, y se pasó a atender todo en el salón principal. Claro, las costumbres no las sacás de un día para otro, y así es como cuando vienen y preguntan sobre reclamos y otras chucherías, la gente de adelante se los saca de encima mandándolos al salón de atrás, que está de momento vacío. Y yo laburo pegadita a ese salón, y en medio de lo que estoy cuadrando números jodidos, me aparece cada coso a preguntar "Perdón, me podría tomar un reclamo", y yo me agarro un jabón, cuando no una bronca de padre y señor, que me quiero morfar el teclado. Ayer estaba que hervía y mandé un memo fogoso por dónde se lo mire, donde desglosaba razones de sentido común, y terminaba con promesas de pararme sobre el escritorio y ponerme en bolas si los cómodos de adelante siguen sacándose clientes de encima. Hoy recibí la respuesta, y la autorización correspondiente del directorio para ... ¡confeccionar un cartel explicativo! y ponerlo encima del escritorio vacante. Así que nos sentamos con el chico de la Pecé a diseñar el dichoso cartelito. Empezamos por escribir "Todos los trámites administrativos incluidos los reclamos, se realizan en el salón de principal." Lo pusimos. Cayó una mujer preguntando si a los trámites no administrativos les podía dar curso yo. Le di curso de salida con ojos más que indicativos y corrí a reemplazar el cartelito. Esta vez aclaramos "Todos los trámites sin excepción se realizan en el salón principal". Cayó un vivo con la teoría de que él no venía a realizar ningún trámite, sino a que lo atendieran como cliente que es. Lo atendí, cómo no, y rajé de nuevo a la Pecé. Pusimos "Todos los trámites, sin excepción, se atienden en el salón de al lado". No estaba seca la tinta, cuando un jubilado con un montón de tiempo libre se me apersonó en medio de una liquidación de sueldos, planteando que lo suyo no era de excepción, sino bastante ordinario, asi que por qué no lo atendía. Lo atendí. Ése no vuelve. El chico de la Pecé, que es un santo, me hizo un enésimo cartoncito, acotando: "Todos los trámites se atienden en el salón de al lado". Parece que esperan agazapados: no terminaba el ademán de colocar el cartel, cuando una señora de mucho apuro y poco don de gentes me corrió con que lo suyo no era un trámite, así que me va despachando rapidito. La despaché de un santiamén, y con bastante poco empacho, y me senté a llorar con el chico de la Pecé, que se conmovió y lloró conmigo. Finalmente dejamos uno que dice "Se atiende al lado", y estoy esperando al primero que se me aparezca para que me termine de saltar la térmica, y ponga en bolas encima del escritorio este Eslabón de Lujo que Dios me dio.
