Una teoría clarita
Clarita se puso como loca cuando leyó por encima de mi hombro la frase de Vitalio:
" Para razon alcanzar / tres cosas son menester / tenerla, hacerla valer... / y que te la quieran dar."
- ...¡Pero este hombre es un genio! - gritaba y anotaba en su agenda de frases brillantes la cita - ¡Con lectores así ya podés tirar tu biblioteca y colgarte un tapiz que haga juego con el living, que es lo que te vengo diciendo de hace años!
- Clarita, los lectores son sagrados - me atajé mientras trataba de orientarla a la cocina - Con los lectores no se jode, con los lectores no te metas.
- ¿Ves que desparovechás lo que tenés a mano y después te quejás de balde? - Se atajaba y en medio del tironeo escribía un comment. Igual la saqué, la entré en la cocina y cerré la puerta. Me puse a lavar los platos y ella encendió un cigarrillo. No duró mucho el silencio. Con Clarita nunca aguanta mucho la paz. En medio oriente haría capote.
- Haceme caso, Romita - tiraba secas haciendo anillos - No sufras más. Hacé lo que te dice este hombre y de paso reciclás.
Empecé a secar los platos, y casi que ni me hacía falta el repasador. Con la temperatura que estaba generando, el agua se me hacía vapor sin salir de la vajilla.
- Miré sin ir más lejos donde estás parada, y fijate con lo que contás.
La miré con cara de algo temible, pero nada. No se amedrenta así como así. - Sicoanálisis al paso no, Clarita, que cae peor que el copetín.
- Sicoanálisis no, Romulita. Geografía, si querés. Y economía hogareña, puro Utilísima - abre el cajón de la cocina. - Hace un par de días te encerrabas acá para no escuchar los gritos y evitar la pelotera. Muy bien.
Vacía el cajón de los cubiertos en la mesada; abre el horno y me saca las ollas y sartenes de adentro. Bah, me enkilombiza todo a medida que yo limpio. Nada distinto a lo que puede esperarse en esta casa y sin necesidad de visitas.
- ¿Acá te van metiendo por la fuerza? Okey, desde acá resistís. - acomoda (acomoda es mucho decir) más o menos las cosas, las dispone, las señala.
- ¿Cómo dice este hombre sobre la razón, qué hay que hacer para alcanzarla? - Busca la agenda. - Ah, si. "Tres cosas son menester. Tenerla..."
Me sujeta los hombros y me clava la mirada como si me fuera a dar una noticia fulera - Eso ya está, porque vos a la razón la tenés. No tenés mucho más que eso, casi por dejadez, pero razón tenés. - me habla despacito, como a los borrachos - La razón no se pide, no se consulta. Se tiene. Y como regla general, las víctimas siempre tienen la razón.
- Sí, claro, como los clientes - tiro como para descomprimir, como para zafar.
- Exacto - asiente, como si le hubiera recitado perfecta la fórmula de la coca cola - Vos te compraste un clavo, y como cliente insatisfecha o estafada, lo justo es que tengas razón. Lo primero ya está. Entonces. Veamos lo segundo: "... hacerla valer..." Mmm. Ahí estás floja. Pero no es nada que no tenga remedio. Mirá.
Levanta una sartén y la empuña como tanteándole el peso.
- Este es un elemento disuasorio que puede dejar en claro que vas a hacerla valer - lo deja y agarra un cucharón sopero. - Este es más localizado pero tampoco deja dudas. - Acaricia los cuchillos - Y si hiciera falta más...
La miro asustada.
- Clarita... qué me estás diciendo...
Baja el tono y habla más lento.
- Porque parece que no te estás dando cuenta que la parte tres de lo que te dice tu amigo ya empezó hace trato - hace una pausa de esas tipo "Teatro como en el Teatro" - "...Y que te la quieran dar."
La siesta se transformó de golpe en una cosa dura y silenciosa como esas piedras de los lechos secas de los ríos.
- Ya no es que te la quieran dar, Romu. Es que te la vienen dando.
Agarra una sartén más grande, esta tipo paellera que me regaló mi prima. La mueve con soltura, la agita con solvencia.
- Sí, esta es más de mi rodado - asiente sonriendo. - Con ésta es más difícil que se te escape la razón.
