Noche y día
Las cosas que escribo de día respiran distinto a las de la noche. No sé por qué pasa, pero pasa. Leo un texto que terminé de corregir a las 2 de la mañana y me produce un efecto distinto a los que les puse punto final al mediodía. No sé si soy yo la que cambio pasando el meridiano de las brujas, hay menos electricidad en el aire, o de mañana me disperso más. Pero es así, y no hay con qué darle. Me encuentro leyendo Carta a un rehén de Saint Exùpery, por decir algo, y por decir algo me digo "Fa... que cosa más linda y más nocturna..". Agarro un libro de esos que comentan en la tele, y parecen escritos en horario comercial. Me prestan uno de Aguinis para que dé una opinión, y es como si el hombre hubiera tecleado en los semáforos en rojo. Y yo, lejos, muy lejos de escribir para vender, y a veces incluso de escribir para ser leida, noto que el aire fluye distinto si las palabras son regidas por la luna o el sol. Ahora, que escribo en un hueco en el trabajo me pasa igual, pero distinto. Es casi mediodía, y sin embargo las líneas de letras se desplazan de noche. Lo que otro día a esta hora sería una iguana tendida, me resulta más gato ovillado a medida que lo acabo de leer. Hoy tengo los hemisferios rotados pero al revés; tal vez sea por eso que este asunto me llamá más que nunca la atención. Quizá sea el insomnio. Será que me desvelé.
