Mis almuerzos con gente embolante

Salimos con Clarita a almorzar algo rápido, y el destino nos chocó de jeta contra Tuco y Tico. De esos dos, uno más solterón que el otro. Agreguemos que Clarita retomó aerobics, y está hecha una manzana la muy turra, y háganse una idea de la combinación. Cada dos babas del lado de allá, un corte de rostro del lado de acá, y para este costado de la mesa unos bostezos que ni te cuento.

- Adónde va ese ángel custodiado por la Romu - Discriminó Tuco, libidinoso.

- Qué rumbo lleva semejante par de muestras gratis del Paraíso... qué par... - redundó Tico, infiltrando la mirada en un escote que no era el mío.

- No sé dónde íbamos pero acabamos en el zoológico, parece - tajeó Clarita, sorbiendo un trago de agua mineral.

Como era impensable despegarnos las sanguijuelas de encima, nos metimos en el primer bar al paso que encontramos. Comer en la misma mesa con Tuco, Tico y Clarita es tal vez más tranquilo que en la gira de quinto año, pero igual de fino. Sobre todo en los guiones.

- Y digamé, preciosura administrativa - sondeó Tuco, sutil como lobo de la estepa y con el mismo hambre - ¿No la cansa llevar encima tanta curva?

- No, porque tengo un gancho de izquierda que me sirve de descarga - rasgó Clarita, mascando la mitad de la mitad de una hoja de lechuga.

- Y sí. - intercedió Tico, con los ojos inyectados de testosterona - Con una caja de quinta como la suya, cualquier carrocería necesita hacer masa. ¿No quiere que bajemos al subsuelo, que hay una oscuridad prometedora de descarga?

- Si me aguanta que vuelva mi marido que está descargando reses en el mercado, encantada - hendió Clarita, pinchando un micrón de brote de soja. - De paso le preguntamos que opina.

- Pero para qué contravenir al cónyuge, me extraña. - terció Tuco, con las hormonas enredándosele en los pelos de las orejas - Si acá podemos darnos maña los dos solos ¿no?

- No me sorprendería - apuñaló Clarita, sazonando un cuarto de rodaja de pepino - Se nota a la legua que a ustedes no les queda más que darse maña el uno al otro.

- Ah, bombón, no sabía que era de avanzada... - Se interesó Tuco, con los ojos dos talles más grandes que las órbitas. - Si quiere se viene al estudio y nos damos maña entre los tres...

- Cómo no. - trituró Clarita limpiándose los labios con toquecitos de servilleta - Ahora lo llamo a mi hermano; seguramente le va a interesar darles maña a los dos juntos.

Y así. Una hora y pico así. Yo estaba callada como uno de los monos de la sabiduría. La última vez que traté de parar una escalada de este tipo me revolearon como piropo "Tocinito del cielo", y yo revoleé cinco dedos en forma de mano. Y la verdad, otra vez no daba.

Llamé al mozo, prorateé de prepo la cuenta, forcé a las urracas a hacerse cargo de la propina, y me escabullí con Clarita hacia el trabajo. Nos íbamos retocando los labios y el pelo en el espejo del ascensor, cuando me soltó:

- Simpáticos tus amigos ¿no?


Falta gente en la zona baja de la escala alimenticia. Yo estoy haciendo mi propia lista.

Romualda, Jueves 13 de Mayo 44 comentarios Más Bestiario