La rosa por venir

-Mirá y ponete verde de envidia... - se me sentó Clarita munida de caja con moño en la mesa del bar - que yo me pienso poner morada, roja y de la tonalidad que se te ocurra.

- ¿Más maquillaje? - sorbí mi té de Camomila - ¿Te queda espacio para seguir guardando esas macanas?

- No, no me queda lugar, ni paciencia con vos - sorbió mi té de camomila en un ademán tan rápido que no llegué a pararla. - Por eso esto es para tirárselo encima.

Abrió la caja, corrió un papel de seda y sacó la cosa más chancha y adorable que yo haya visto de hace un tiempo para acá. Se puso de pie y la abrió, como una bandera de lujuria.

-¡Sentate y guardá, pedazo de loca! - la bajé a la silla y a tierra. - ¡¿Querés que nos declaren personas no gratas?!

- Con esto encima soy la persona más grata que se le cruzó en la vida a cualquiera de estos - señaló alrededor con el baby doll extendido, atajando en su red la atención de todas las mesas. - ...¡Y me declaran monumento provincial!

Yo me quería morir ahí mismo y sin dilaciones.

- ¿Te bajó la presión? - dobló la prenda primorosamente en la caja, y en el mismo movimiento levantó una bombacha - Estás blanca como el sudario de mi abuela...

Si el camisolín nos había convertido en el centro momentáneo de mirada y chusmerío, con la trusa al aire la concurrencia empezó a girar las sillas y a pedir otra vuelta.

- Clarita, vos me querés matar... ¡pero yo primero te achuro! - la fulminé con esa mirada con que logré que mi nene hiciera los deberes todo el secundario sin decir ni mú - ¡O guardás ya o te despeino!

- Pero mirá el bordadito de rosas que tiene adelante, con gotas de rocío en strass... - me susurró acariciando el detallito. La verdad es que estaba para frotárselo en las mejillas con los ojos cerrados - ¿No te gustaban a vos las rosas...?

- Sí, nena, me gustaban y me gustan - me resigné como me resigno siempre. - Pero en un florero en medio de la mesa... no en una exhibición pública de calzones...

- Pero sé sincera... con una mano en el corazón - se me acercó a distancia de secretos. - ¿No te aflojás un poco cuando ves estas cosas?

- Así que además de hacerme pasar verguenza, vos me querés hacer llorar - le solté como pude porque se me llenaron de basuritas los ojos - Y encima yo te invito a tomar el té... no, si no aprendo más...

No me dio ni cinco de pelota, y cuando guardó la bombacha sacó un corpiño y lo examinó también arriba y en detalle, en medio del aplauso cerrado del salón. Y en el momento en que los corpiños bajaron y subieron unas medias con liguero, arreciaron la silbatina y los pedidos de bis.

En ese punto me sentía como cuando te pasás de desvelo y el sueño se te transformó en una resaca que te separa de todo. Sólo así me explico que en medio de la turba que pasaba en trencito, y las serpentinas que andá a saber de dónde salieron, yo pudiera detenerme en los detalles.

- Pero decime - la escruté como pude entre el papel picado y las cervezas que llegaban en señal de agradecimiento - ¿No son grandes esos talles para tus medidas?

Se sacudió el confetti del peinado y me miró con picardía.

- Claro, boluda... ¡Si son para vos! - me contestó a los gritos imponiéndose a los cantos de la hinchada.

Me quedé con los ojos así, en medio del silencio que se hizo de golpe, cuando todos empezaron a pagar de apuro y a dejar desierto el local. Quedamos nada más que las dos, con los arbustos que nos rodaban entre las patas empujados por el viento.

Con una delicadeza de esas de antes Clarita plegó las prendas, cerró la caja, le dio un poco de volumen al moño y ahora que no nos veía nadie, me la pasó por debajo de la mesa.

- O te creés que no me doy cuenta...

Nos quedamos un rato largo compartiendo el silencio que se hace sobre el té de dos mujeres solas. La caja me temblaba entre las manos. Ahí sí que quise lagrimear, pero de esa resaca también me sentí ya lejos.

Romualda, Jueves 27 de Mayo 33 comentarios Más Bestiario