Los trabajos y los días por venir
El viejo de la oficina perdida ordenaba distintos tipos de adhesivos y los disponía por tamaño en una caja de cartón.
- Usted sabe lo que tiene que hacer - me dijo sin levantar la vista ni abandonar la parsimonia - No hace falta que venga a preguntarme. Y mucho menos antes del horario comercial.
Metió la caja en una caja igual pero más grande, y esa en otra, y así. No sé de donde sacaba tantas cajas de cartón.
- Y ahora vaya que su hijo la precisa.
Cuando me bajé de la cama, el nene estaba déle buscar no sé qué cosa. Miré así nomás debajo de la mesa, le levanté el documento y se lo di. Me besó como si le hubiera puesto un ocho en el examen que estaba por rendir, y salió hecho una tromba.
No sé que van a hacer en esta casa el día que yo no esté.
