El estado masí
Yo lo único que sé de Fórmula uno es que mi hermano se levantaba temprano los domingos, y empezaba a escorchar con la tele a todo volumen, que daban ganas de matarlo de a poco y que le duela.
Eso y que era un fanático del efecto suelo.
Tanto remachaba con el dichoso efecto suelo, que un día terminé por preguntarle "Polo, Polito, serías tan amable de explicarme qué miércoles es el efecto suelo con el que tanto jodés?"
Y resultó que el tan mentado efecto suelo era una pollerita que les ponían a los autos para que se pegaran a la pista, o algo así, y anduvieran más veloces que la mierda. Yo lo traté de maricón por entusiasmarse con las polleritas, y terminamos a las corridas y uno que otro chirlo, para variar.
No sé si de esa época o más cerca, data lo del momento Gancia, momento Cinzano, no sé cual, pero uno de los dos, seguro. El tema es que había unos chetos en la pantalla de la tele, que disfrutaban toda la noche con pilcha de primera y cara de pelotudos, y eran pero refelices, gracias al momento de este vino de hierbas. Bebidas asquerosas si las hay, mirá si encima les vas a dedicar un momento.
Pero bueno. El tema es que con el asunto del momento, vendieron como locos. Y ahí andaban las chirusas pasándose del Fernet al Gancia y cambiando del Comander al Parliament y su boquilla filtrónica para aprender a jugar al Backgamon, y todas esas cosas bonitas que nos enseña la publicidad.
Así fue como aprendí que esa es la manera en que la gente prospera: le pone un nombre fifí a sus ocurrencias, y se abre paso en la vida. Por lo tanto, yo he decidido hacerlos participar de mi nuevo chiche: el estado masí.
Como todos los descubrimientos importantes; el radio, la boligoma o el agua hirviendo, el estado masí es algo a lo que llegué de puro pedo. Pero no sin vocación.
¿Qué pasó? Fácil. Uno de estos días que estaba estriándome hasta las várices de puro estrés, me vino una iluminación.
"Ma sí" - me dije desde muy adentro - "por mí se van todos al carajo".
Y de golpe la tarde se me alisó.
Empecé a rumiar un poco, y me dí cuenta que si conservaba la primera partícula de la frase, y reemplazaba la segunda según el problema a resolver, estaba a las puertas de algo pero grosso en serio.
"Ma sí, que la luz la pague tu abuela"
"Ma sí, hacete la cama si querés y sino dormí en un chiquero"
"Ma sí, que se compre un par de mocasines y se haga patear hasta la Quiaca"
"Ma sí, yo doy parte de enferma"
¿No es impresionante? Una vez que llegás al estado masí, los problemas es como que se te desvanecen.
De nada, de nada, no me agradezcan.
En épocas de crisis, la imaginación es más importante que el aburrimiento.
