Secretos urbanos

He vuelto a caminar de noche sola por las historias que me cuentan las casas de la ciudad.

Este es el sitio al que respondo, el único en el que los zaguanes y las luces tras los postigos me acechan para sugerirme vidas, amores, pegarias, desencuentros.

Voy por la entresombra de los árboles que me tapan de los focos de la esquina, y me quedo parada mirando un pasillo con una araña vieja, un llamador extraño, un visillo apolillado detrás de vidrios con dibujos.

Miro; imagino.

¿Quién vive adentro de la casa? Qué está comiendo a esta hora en que la luz de la sala está prendida? Los que ya duermen ¿Con qué sueñan? ¿Cuáles de sus sueños están llamados a destino?

Me pierdo en los dameros de los edificios, y las ventanas de persianas altas, los balcones con cortina al viento, todos preguntan algo al aire de la noche.

No sé como los demás que deambulan no se aturden con el incesante cuchicheo de las casas.

¿Llegaré a mañana, tendré otro día? ¿Volverá o se habrá ido para siempre? ¿No es preciosa cuando duerme? ¿Es el gato que regresa, o habrá bajado el ángel? ¿Dónde lo puse? ¿Por qué no llamás? ¿Qué estará haciendo en esta hora en que estoy pensando en ella?

En otras latitudes del planeta también he salido a caminar de noche. Y no me ha sucedido. Las casas eran cajas impávidas. Me miraron duras, no me dijeron nada.

Una pertenece sólo al lugar donde habla el mismo idioma en que susurran las paredes mudas.

Romualda, Miércoles 28 de Julio 42 comentarios Más Miradas