Agua con gas, agua del cielo, agua bendita
- Escuché un rumor que no me gusta nada, nada, doña Romu. - deja caer como si nada el sodero.
- No sé de qué me habla, sea más claro - frunzo el ánimo a través del portero eléctrico. - Quiero decir: aclare sin olvidarse de con quién habla ¿eh?
- No se haga la yonofui, que ya es vox populi que se va del barrio.
-¡¿Qué?! - Me descalabro toda - ¡Pero si ni con la almohada lo comenté, caramba!
- Sí, no lo comentó con la almohada pero lo puso en internet, oiga .
- ¿Y usted desde cuando le dio por internet? - inquiero a medida que me sube el termostato mercurial.
- Desde que empiezo a perder clientes - me sobra; está visto que me sobra. - Desde entonces incorporé anexo informático a las fuentes de información.
- ¡Usted lo que tiene es que no da más de chusma! - me desgañito por el tubo - ¡Y por metido acabo de decidirme por la dieta del agua!
- Le aviso que cambiar de proveedor de agua gaseosa envasada en sifón de litro se considera acá y adonde vaya alta traición - me advierte en un susurro que me rebosa el vaso. - Y no se gaste en buscar menaje que tengo una colección de sus martillitos y hasta que baje no me ve más.
Ahora los soderos también te leen la mente.
- ¿Y de ésto tambien tiene una colección? - Juraría que llego a sentir el agua estrellándose en la vereda - Y no lo busque al agente de la esquina, que ese también me conoce y no viene más.
No escucho ni una palabra mientras dejo el lavatorio abajo de la pileta de lavar. Tengo que acordarme adonde sea que me cambie, de insistir con el balcón a la calle.
-¿Quiere que le baje un repasador, una toallita, un manual de urbanidad para tratar con los clientes..?
- No, deje nomás - Lo oigo exprimirse la gorra. - Al final usted y sus indirectas me tienen seco.
- En tal caso, déjeme dos. Ya baja el nene a buscarlos.
No deja de ser bueno que aunque te lean la mente no te alcancen a adivinar las intenciones.
