Las reglas de la casa de la Romu
1. La libertad de dormir con una mujer en tu pieza, en MI casa, se extiende solamente a tu novia. Entiéndese por novia a la mujer con la que mantengas relación durante por lo menos seis meses, preferentemente la Leti. Toda intentona de introducir solapadamente otra a pasar la noche en tu cuarto, en MI casa, será penada severamente. Y cuando digo severamente, vos me conocés.
2. Queda caducado el privilegio de levantarte a la hora que se te cante. Esto no es una pensión, como erróneamente parecés suponer, según el reciente devenir de los hechos. Te quiero a las ocho, a más tardar ocho y media en pie, con la cama tendida. Yo no soy sirvienta de nadie, y menos de un descarado.
3. A partir de mañana lavás los platos que ensuciás. A partir de mañana lavás tu ropa. Ahí te dejo el manual del lavarropas, y un instructivo para prender las hornallas de cocina sin quemarte ni volarme la casa, así como un plano indicativo de donde se encuentran en la alacena café, té, azúcar, galletas y bajo la mesada, jabón y suavizante. Sí, entendiste bien: el desayuno te lo preparás vos.
4. El almuerzo lo sigo haciendo yo, así como la cena. Si querés comer, tenés que estar en la mesa a horario. En eso no cambia nada: a la una se almuerza, a las diez se cena. Después de esa hora, te preparás la comida solo. No estás obligado a mantener conversación conmigo, si no tenés ganas. En estos días, lo más probable es que yo tampoco tenga.
5. Mientras estudies, rindas en las mesas correspondientes, no tenés necesidad de trabajar. Quiero por sobre todas las cosas que termines la carrera en tiempo, forma y sin sobresaltos.
6. Las reglas arriba expuestas son inmodificables por lo menos hasta que demuestres que llevás pantalones no sólo para no salir en calzoncillos a la calle, sino porque sos un hombre que merece ser llamado así. Te quiero con toda mi alma, pero si tratás de repetir lo de hace un par de noches, o algo que se le parezca en caradurez, te hago las valijas y te fleto con tu padre.
Mamá
