Cuestión de Piel

Clarita me regaló una canasta de productos que le dieron en una de esas reuniones en que te regalan cosas si te quedás hasta el final, y yo ando chocha como perro con dos colas.

Seré zonza, pero me regalan una tontera y me alegran el día. Con cualquier macanita me compran. Y estos frascos encima son de cremas, emulsiones, y toda esa menesunda con la que quedás suavecita como culo de bebé.

Así que las saqué, me desnudé y me las fui aplicando una a una, según el instructivo. Me puse un gorro de baño en la capeza, dos rodajas de pepino en los ojos, y me tiré en la cama a que me dé el ventilador.

Me sentía como Moby Dick, pero lejos, muy lejos del capitán Ahab y su barco arponero, y encima el viento sobre la crema le daba a la siesta como un airecito a menta y serenidad que buena falta me hacía.

Hasta que sentí el grito y un plaf pero muy feo en el suelo.

Cuando me saqué el pepino de los ojos ví que me había dormitado con la puerta del dormitorio abierta, la ví a la Leti con los ojos y la boca a cual más O, vi un postre de tres capas enchastrándome el piso, y me vi venir al nene por detrás en cualquier momento.

Salté de la cama, cerré de un portazo, y me recosté sobre la puerta en un solo movimiento.

Y acá estoy, entre aterrorizada y cagándome de risa, buscando alguna explicación que pueda darse con la cara seria; alguna salida para cuando tenga que abandonar la pieza; algún plan b que recomponga mi lugar.

Pero me parece que de ésta no vuelvo, como no sea disfrazada de oso carolina.

Romualda, Jueves 02 de Septiembre 68 comentarios Más Bizarria