Asignatura y pendientes

- Este coso se cree un banana bárbaro, y es un nabo atómico - Clarita pasa el cursor muy rápido por sobre lo que va viendo, como los chicos que empiezan a leer y lo hacen en voz alta - habla de mujeres como si tuviera un doctorado y salvo su mamá no debe conocer ninguna.

- Es que la esposa lo malcría, Clarita - le grito desde la cocina - Y además yo lo quiero mucho, así que cuidá el lenguaje.

- Eso no quita lo fundamental, nena - el tonito delata que la bronca se la lleva puesta. - Cuando un tipo no sabe qué decir, se pone a hablar de minas.

- ¿Y por qué no le contestás? - Le meto fichas mientras seco uno por uno los tenedores, que es lo que menos me gusta. - ¡No pasés por alto semejante ignominia!

- ¿Por qué no le contesto? - No afloja el retintín de embole. - Porque tengo vida propia.

Me acerco para ver qué leyó que la saca tanto.

- Además lo que vos le dijiste es lo justo. - Se levanta y me deja el sillón de la compu. - Y sinceramente, lo tontos que son los tipos en este tema, termina por aburrirme.

- ¿Los tipos?

- Los tipos. Hombres no hay. - Saca un cigarrillo, me mira poner la cara número 7, y no llega a prenderlo. - En eso te doy la razón.

- ¿Y tu marido?

- Los maridos son maridos, mi amor - se pone el cigarrillo seco en la comisura y sigue atropellando. - Los maridos no cuentan.

Se apoya sobre el escritorio, me saca el mouse y rastrea hasta encontrar el comentario.

- Mirá, leelo a éste - agranda el cuerpo de letra. - Le dice a una mina que no la saluda por linda pero sí por simpática, y después se queja de que le ponga cara de perro.

Empieza a dar vueltas por la pieza. Cuando Clarita arranca a moverse, reíte del huracán Iván.

- "Simpática". ¿Por qué directamente no le dice bagayo y se ahorra el eufemismo? - Aspira como posesa el cigarro sin prender. - ¿Qué cara pondría el fulano éste si yo entro a la oficina hecha una loba y le digo "Perdoname, no te saludo como al mejor dotado, sino como a alguien que me puede hacer reir"?

No hay caso. Cuando se enoja le da por el ingenio.

- Y ya que hablás de mi marido: El otro día teníamos que ir a una fiesta. Le muestro dos vestidos; uno azul, otro negro. Uno en cada mano, a ver qué me dice.

- ¿El negro escotado?

- Ese mismo. Le digo "Mi vida ¿Cuál te parece que me queda mejor?"

A esta altura parece el demonio de Tasmania, sólo que rubio y con mejor cintura.

- ¿Y no te contestó?

- ¿Cómo que si no me contestó? ¡Me contestó! ¡El muy caradura me contestó! Me dice "El azul". Así, como si nada.

- ¿El azul ese con el tajo?

- Ese mismo.

Me pongo a retrucar a uno que me manda a salir de la casa, y al que yo lo mandaría de buena gana a laburar.

- ¿Y qué hiciste?

Me mira como si me acabaran de dejar en una canastita en la puerta de su casa, con una nota y un chupete.

- ¡Me puse el negro, qué voy a hacer!

- También vos...

- Pero escuchame, Romu, y escuchame bien, que de esto sí te puedo contar algo, y a lo mejor te sirve y todo.

Me giro en el sillón, cruzo los brazos y me aflojo, porque mejor que la deje hablar así termina de una vez y me deja de joder un rato.

- Cuando yo le pregunto algo a mi marido; cuando una mujer le pregunta algo a un tipo, no es para saber qué piensa, sino para ver cómo zafa.

Parece que sí me puede contar algo, que a lo mejor me sirve y todo.

- Claro. Si le muestro dos vestidos es para que me diga que hasta en una arpillera soy una diosa, no para qué me dé una opinión. Las opiniones se las lleva el viento. Y lo que yo quiero saber es si el tipo que tengo al lado alguna vez va a terminar de recibirse de hombre.

Mirala vos a la Clari.

- Y después se quejan y dicen que no entienden lo que estás pensando. - Aplasta el cigarrillo sin prender de un sólo saque de presión, como si un auto agarrara una latita. - No van a entender nunca.

Termino de contestar unos mails y me quedo pensando.

- Y es tan fácil ¿no?

Se va a la cocina y pone la pava. Vuelve, se recuesta sobre el marco de la puerta y sonríe.

- Como opinar de fútbol.

Romualda, Sábado 25 de Septiembre 26 comentarios Más Miradas