La casita en la pradera
- Mirá, es poco, pero es lo que hay - me acerca Tico una llave atada con un pedacito de cable. - Y te lo ofrecemos de corazón.
- Lo usamos muy de vez en cuando.- acerca Tuco la bandeja con el café. - Sólo para ciertas reuniones...
- ...con determinados clientes. - Aclara Tico antes que oscurezca y a mí me salga la Romu de bien adentro.
- Ya conozco los "clientes" de ustedes - le pongo un sobrecito y medio de edulcorante al alquitrán, aunque no creo que alcance - Tienen todo un rubro en los avisos agrupados.
- Ehhh, Romita, que somos un estudio serio - sorbe Tuco y frunce la nariz - Además es justo lo que necesitás: la casa está en el pie del cerro, está alejada y es pura tranquilidad.
- Tenés la alacena repleta de conservas, y la heladera nos dijo el cuidador que está llena y funcionando - remueve Tico su pocillo como quien no se decide a envenenarse. - Así que llevate unos libros y dedicante a andar descalza por ahí.
- La cama principal es de dos plazas - baja el volumen Tuco, haciéndose el canchero - así que podés llevarte todos los libros que quieras.
- El café no está lo suficientemente frío como para que te lo tire a la cara sin remordimientos - le digo, desde los últimos arrebatos que me quedan antes de terminar de decidirme. - Con este gesto pueden ablandarme, pero sigo siendo la de siempre.
- De eso no tengo dudas - se rasca Tico en la nuca el resultado de nuestra última discusión - Pero esto es pura amistad y buenos deseos.
Miro la llave como quien acaricia el pasaje de un crucero, la meto en la cartera y me acomodo para irme.
- No hay cable ni teléfono, así que si querés marcarlo a tu hijo de cerca te vas a tener que llevar un celular - vacía Tuco con disimulo el pocillo en la pileta de la kitchinette. - Casettera hay... pero no, dejá. No vamos a discutir por unos videos caseros.
- No, no vamos a discutir por nada.
Me paro y antes de salir les chanto un beso contundente a cada uno en la mejilla. Me miran con ojos Simpson, que así grandes y todo, se les comienzan a humedecer.
- Y si lo llegan a contar en público, lo voy a negar hasta el cansancio - les digo con el dedo en alto, pero sin poder esconder la sonrisa que me va desdoblando el ceño. - Y además me voy a ocupar de que parezca un accidente.
Y me pierdo para abajo por la escalera, en busca de un poco de sol y libertad.
