Saldos y regazos
Hoy me escapé con las brujas de contaduría y nos fuimos de compras. Yo creía que la iba a pasar bárbaro, que iba a relajarme a medida que la tarjeta se hiciera más finita, pero al final me salió todo al revés.
¡Qué poco disfruta la gente!
Yo enfilaba para la galería de las marcas y las cosacas éstas me metieron en una de esas tiendas grandes que lo mismo te venden un conjunto de hace cuarenta años como si fuera recién llegado de Niza, que ropa de saldo desembarcada de algún rincón de Asia, ¡qué horror!
¡No entendía nada!
Las veía rebuscar en unas cosas de alambre, como esas canastas con un palito que hay en las puertas de la casa para que las mucamas saquen la basura - pero más grandes - y por la excitación que tenían, parecían a punto de orgasmar.
¡Y no eran las únicas!
¡Eran como cientos de hormigas lanzándose encima de una cucaracha muerta, salvo que la cucaracha muerta seguro que tiene mejor gusto! Me empezó a bajar la presión, que ya me desmayaba.
Decí que antes de caerme al suelo, un par de brazos como de bronce me sostuvieron, y pegadito a los brazos había un guarda de seguridad recién bajadito de una publicidad de Nasa, que me ayudó a levantarme y me acompañó a una salita interna para que me recompusiera.
...
¡Y pensar que pudo haber sido una tarde horrible!
