Donde hubo asado

El almuerzo estaba listo, y yo sin ganas de conversar.

Le acerqué una silla y otro par de cubiertos.
Puse dos platos, abrí la botella y serví en su vaso y en el mío.
Nos sentamos y comimos pausado, desmenuzando una historia de la que no íbamos a hablar.

No recuerdo que nos miráramos ni una vez a los ojos. Tampoco hacía falta.

Cuando terminamos, tuvo el gesto de levantar los platos de la mesa, así que yo los lavé mientrás el café se hacía.

Lo espié limpiar la parrilla con la misma mansedumbre con la que había comido, y en esa espalda que se movía algo me enterneció.

No me desarmó la flor, no me ablandó con el vino.

Fue que de golpe lo vi y me ví, los dos solos en el medio de la nada, y se me licuaron los ojos.

Se acercó, y después de tantos años tuve enfrente alguien que me ofreció un cigarrillo.

Y después de tantos años yo acepté.

Romualda, Lunes 01 de Noviembre 23 comentarios Más Cuore