Escobita nueva y afilada
Las malas noticias vuelan como virus que son, y todo el mundo se siente con derecho a mirarte por encima del hombro.
Ahora que le estoy dando la oportunidad a alguien para que camine al lado mío, resulta que en el trabajo me empezaron a mirar distinto.
Lo cual no me molestaría en lo absoluto, porque jamás le di pelota a nadie y no voy a empezar ahora que verifiqué que hago bien.
Pero que se piensen que me ablandé y cualquiera me pasa como alambre caído, eso sí que no.
Así que hoy me la pasé educando gente; reintegrándolos con un mensaje claro a la sociedad.
En la empresa en que trabajo, lo más parecido al cargo que detento, es el de mujer orquesta. Una mezcla variopinta de secretaria / contable / haceme café / comprame cigarros / ¿qué tal me queda esta corbata para el almuerzo de la cámara?
Como el cheque igual llega a fin de mes, me encojo de hombros y me da lo mismo. Pero me da lo mismo sólo para mi jefe, que es la única jineta que reconozco como válida.
Pero basta que se corra la voz de que te vieron tomando un helado con alguien, para que todo coso que lleve pantalones se sienta inmediatamente con derecho a que le laves la ropa.
Primero apareció uno de administración con un pedido insólito:
- ¿Romu, ¿me mandás este fax?
Lo miré con el rayo de disecar insectos y deletrée como para ser clara:
- Corazón, divino de mi vida, ese teléfono grande lleno de botoncitos con lugar para el papel es todo tuyo. Ni soy tu mamá ni vos sos manco ¿o me equivoco?
No demasiado después de esa primera huída bajó uno igual de raso que yo con una requisitoria digna del Guiness, o por lo menos de alguien excedido en cerveza:
- Romu, en contabilidad necesitan los comprobantes de proovedores de insumos de los últimos seis meses.
-Sentate, mi alma, dame un minuto - le señalé la silla enfrente a mi escritorio mientras terminaba de atender una llamada - ya estoy con vos, ya te atiendo.
Agarré una hoja A4, una lapicera y un resaltador verde y en menos de nada le extendí la mano con el papel escrito.
- Tomá lindo, ahí te hice un planito para llegar al mueble de los biblioratos sin que te pierdas en el camino. Tomátelo con calma. vos podés. Ah, y muchos saludos a la contadora.
Después puse cara de cerrojo y el día se fue aflojando hasta la hora de salida. Ni Clarita se me acercó.
Y cómo será que los tam tam avisaron que volví, que mi jefe tampoco me llamó en toda la tarde.
Ni bien volví a casa me hice un baño de inmersión. Barrer me cansa.
