Si lo ves al futuro, decile que se las tome
Mi primer cumpleaños de cuarenta hasta hice una reunión en casa, cociné, serví, me reí, bebí y brindé. Le hice pito catalán a la crisis de las cuarentonas, y envuelta en el vértigo de los números redondos, podría llegar a decir que lo disfruté.
Este año cumplir cuarenta por segunda vez no me sentó para nada igual.
El nene salió con Leticia después de almorzar, brindar a la salud de la momia y hacer con el postre un apagado simbólico de velas.
Y cuando se cerró la puerta y me quedé sola en la casa, se le cayó la persiana al día, y una zona blanda acá al fondo, aunque no podría precisar muy bien dónde, se me puso gris ceniciento.
De golpe el cuerpo hizo un balance automático del año y me tiró el ánimo por el suelo.
Me agarró una bronca Made in Romu que para qué te cuento ¿Cómo es esto? ¿Por fin que tengo motivos para festejar y de golpe tengo cero ánimos para hacerlo?
Empecé a dar vueltas primero por adentro mío y después por toda la casa sin objeto ni destino, pero con unas ganas de que cayera por lo menos el sodero para poder desquitarme con alguien por completo inocente.
Pero ni vino ni llamó nadie, y al promediar la tarde ya estaba como para fumarme un murciélago, así que me tiré a dormir y que fuera lo que Dios quisiera.
No sé si me despertó primero la música o la seguidilla de caricias en el pelo. En medio de la oscuridad, cualquier día me hubiera agarrado un infarto. Pero abandonada como estaba, por poco ni me entero.
Cuando me abrazó, me largué a llorar, y así estuve un rato que se hizo un siglo, hasta que la piel me pidió movimiento y encontré que había huecos y salientes para desandar con paciencia y furia.
Así que tomé envión y trepé hasta la cumbre más alta de la desesperación con la vida tironeándome de un lado y el vacío reclamándome en su beso, y en ese forcejeo llegué lo más arriba mío que podía y grité desde lo hondo. Corrí a gritos a lo inmenso y cuando no me quedaba voz seguí corriendo, y cuando la carne se me iba como lastre de los huesos seguí corriendo, y cuando los huesos se me fueron desperdigando seguí corriendo con el viento y al final me debo haber desarmado en nada porque a partir de ahí ya no me acuerdo.
A mi esto de cumplir años no me agarra más.
