Extinción se precisa. Presentarse de inmediato.
No, si está claro que vivo en un canapé adentro de un táper. Si no, cómo explicar que se me ocurra salir a tomar un café en el centro un veintiuno de diciembre a las ocho de la noche ¡y para relajarme!
Esta claro que no hay plaga peor que la gente. Pero mucha gente junta circulando ida y vuelta por los mismos lugares, ya parece maldición bíblica. Ni me quiero imaginar como parte de semejante manada cuando cobre y tenga que salir a comprar regalos.
Yo lo tengo claro: libros para todo el mundo. Que es como decirles "A ver si leen un poco de una buena vez", pero decírselo de la manera más clara.
Menos mal que salí sola y no con la sobri, porque sino me veo retándola por cualquier crispación y a la pobre pagando un pato ajeno.
En fin, que me senté en una librería con bar, pedí un café y agarré un libro que tengo empezado en casa. Pero de tanto mirar a los que pasaban cargados de bolsas y de cajas, no pasé de patinar sobre el mismo párrafo.
Casi lo mismo que cuando viajo en ómnibus un trayecto largo: las más de las veces empiezo a mirar por la ventanilla, y el libro vuelve a casa virgen como salió, y yo puteándome por haberlo cargado.
O sea: de tan indiferente y repetida, la gente se me convirtió en paisaje. Postes cargados de paquetes con felicidad garantizada que pasan uno tras otro a ritmo frenético como a la vera del tren, y que si te concentrás en mirarlos te vas adormilando.
Y por ahí iban también un par de amigos y un pariente que hacía tiempo que no veía, y ni se me ocurrió hacerles señas o saludarlos. ¿Cómo vas a interactuar con un enjambre de vacas con los bolsillos vacíos y el lomo cargado de cosas innecesarias en envoltorios brillantes?
Espero que no me hayan visto. De no ser así, cuando vuelvan a ser personas - por allá de marzo o junio - les contaré que justo en ese momento estaba pensando mi lista de regalos.
Si lo mismo no te van a entender, mejor disfrazate de ellos, así se quedan tranquilos.
¿O te olvidás que hay que festejar?
