La cucaracha channel

El problema de vivir en un edificio que tiene sus años, es que hagas lo que hagas las cucarachas van a estar ahí.

Una puede pensar: si apilo los platos para lavarlos mañana cuando me levante, esto se me va a llenar de cucarachas. Entonces dejás la vajilla impecable, y cuando te despertás en medio de la noche y vas a la heladera, lo mismo te encontrás con un mitin en la pileta o la mesada.

Y ya probé de todo: que el aerosol, que los cebos, que la pasta. Y como si nada.

Se ve que en el consorcio andamos todos en la misma, porque desde hace tiempo que se fumiga una vez al mes, y me llega el cargo en las expensas. Y tampoco.

Parece que escucharan la maquinita del fumigador, y se dijeran "¡Vamos, chicas! ¡Ahí viene el heladero!"

Pero lo peor es cuando te pierden el respeto y te empiezan a aparecer a plena luz en los lugares más insospechados. Ahí cagaste para todo el viaje.

Yo igual no me rindo, y ya les doy de a una y sin asco. Donde veo una cucaracha - y eso que mi casa es el hotel de las más chiquitas - ahí donde la veo, vuela el alpargatazo.

Estoy dejando las paredes como la cueva de Altamira, pero me importa un pito, un carajo y un rábano. A falta de cruzadas más excitantes a mano, me va la vida en despiojarme de cucarachas.

La otra noche, sin ir más lejos, me levanté para ir al baño. En lo que estoy sentada y pongo la mirada en foco, ahí está: mirándome desde la pileta moviendo las antenas como si fueran las patas de Cristina Aguilera.

Como me había venido descalza, no tenía nada a mano para aplastarla. Así que manoteé el repelente y la rocié como si fuera un camión hidrante.

Lo raro es que ni cayó dada vuelta, ni empezó a caminar como jubilada, que son los signos más claros de que ganó la Romu. No. Se desvaneció en el aire.

Claro, la explicación la tenía en la mano. Boluda de sueño, y con la mitad del cerebro puesto en que estaba pishando, la bañé entera con el desodorante del nene.

Y ahora la muy turra me persigue.

En lo que estoy cocinando, leyendo o haciendo algo, siento muy cerca mío un ramalazo de Axe. Y cuando me doy vuelta o me paro a agarrar la zapatilla, el perfume súbito se va.

Noches atrás se quedó Bruno, y en medio de la oscuridad sentí una fragancia que se desplazaba de un lado a otro y me sacaba de tema.

- ¿Qué pasa, gorda? estás en otra parte - me susurró al oído.

- No pasa nada - le mentí - a veces me siento observada.

- Nunca voy a terminar de conocerte - me secreteó subiéndome por la mejilla a la otra oreja - ahora mismo acabo de sentirte un perfume que me encanta.

Me agarró tal bronca que ni recuerdo lo que hice. Lo que sí: es la segunda vez que recibo flores en la semana.

Igual esa cucaracha no se salva.

Romualda, Lunes 31 de Enero 23 comentarios Más Bizarria