Como las abolladuras en el chasis, los pliegues en la memoria y las rayitas en la cara, lo que viene de atrás trae el impulso y marca la dirección del viaje. Acá dejo constancia de eso y otras cosas.

Masticando flashes

No me gusta mirar las fotos viejas porque me empiezo a dar manija.

Ayer buscaba unos papeles para uno de esos trámites que ya te ponen de muy mala voluntad saber que tenés que hacerlos sí o sí, y de la nada me saltó el álbum de fotos, de cuando me daba por ordenar las fotos en albums.

Y siempre me pasa lo mismo: agarro cualquiera de las fotos y empiezo a imaginar y a hacerme mala sangre.

Al este y al oeste, duele y dolerá

Hoy justo que salía de la peluquería se largó a llover. Y se largó a llover con ganas, con muchas ganas de arruinarme el pelo, el trajecito y el presupuesto del mes.

Me di cuenta que estaba adentro de un bar, cuando el mozo me trajo el té y las Bay Biscuits, porque lo que es yo, ni me acordaba de cómo hice para entrar, y si corrí, salté o pisoteé a alguien para no mojarme.

Bebidas del corazón

Entre esas formas de clasificar a las personas, que cada tanto aparecen en el Para Tí, está eso de que la gente se divide en dos: la del mate y la del café. Y yo soy del café.

Claro, es demasiado tajante dicho así. También me gusta el té, y distintas infusiones y menjunjes que van de la Coca Cola a la Hesperidina.

¿Pero a cuál de las dos necesitás agarrarte cuando empieza el día? Ahí está el tema.

Y yo que soy del café, hoy agarré y arranqué con unos mates.

Un cuentito de navidad

Un poco porque andar a contramano es mi designio, otro poco porque las fiestas ni me van ni me vienen, como ya expliqué, me olvidé de poner por escrito esta historia mínima que tenía guardada en algún diskette de la memoria.

Pero como esta es mi casa y se come a la hora en que yo sirvo la mesa, acá va, para que la disfruten en pleno calor de enero.

No es difícil, cierren elos ojos y viajemos en el tiempo a... menos de quince días atrás. Trece días y unos cinco años, para ser exactos de toda precisión.

Y si no les gusta, vayan y lean a Dickens, que no muerde.

Yo me quedé en el dos mil cuatro

¿Por qué los acuerdos que hacen otros me tienen que decir cuándo hacer mis cuentas?

No señor. Para mí el año empezó el día que me senté a escribir.

Apio verde, tu y yo

En un día como hoy, hace cuarenta años, llegué al mundo a molestar.

El año pasado, cuando cumplí cuarenta fui muy clara: "aquí me planto". Y hoy, a mis cuarenta años de nuevo, estoy como desde hace un tiempo para esta misma fecha. No sabiendo si festejar, largarme a llorar a gritos, o cerrar la casa con llave y derramarme una botella de champán en un rincón.

¿Por qué tanta alharaca con el cumpleaños, digo yo?

La esperanza en el andén

Crecí mudándome de barrio varias veces. No tengo recuerdos de uno en especial al que pudiera considerarlo como mío. Hay una niebla borrosa y habitaciones donde se armaban y desarmaban cajas, hasta que acabamos en un último lugar, en la periferia urbana. Un barrio con el cielo de metal y gente que ya nacía triste...

El largo fin de un mejor principio

Mi hermano la sentó a la nena sobre los hombros, y ahí vamos a la plaza, al acto de los Organismos. Él va adelante, con mi sobrinita a turucuto (tendré que aclarar que a babuchas, por si algún porteño me lee) y yo me voy quedando atrás pensando en toda la gente con que no me voy a encontrar.

El regreso a Peyton Place

Cuando yo era chica, los padres te mandaban a hacer cosas. Que música, que declamación, que talleres de lo que sea. Y si sobraba un hueco había que hacer inglés, sino vas a ser nadie. Fue una época, toda una generación la mía de cobayos de la pedagogía y la ansiedad paterna.



Concursante oficial

Ratoncito de Anika

Cosito

Sí, me volví creyente.

Dios

MAIL:
Poné acá tu mail, y te chiflo cuando cuelgue un texto

 Bitacoras.com Technorati |